¿Hay adictos a Internet o al móvil?

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Si se me olvida en casa el smartphone, yo vuelvo, porque es mi herramienta de trabajo, ¿soy un adicto porque necesito el móvil? Sin zapatos no se me ocurre salir, nunca me los olvido porque son necesarios y también son tecnología” (Francesc Nuñez, docente de la UOC)

La adicción a Internet

1995. El psiquiatra Ivan Goldberg usa la naciente y cada vez más popular World Wide Web para difundir su descripción de un síndrome de reciente de su aparición, el ‘Desorden de Adicción a Internet’. Los síntomas eran muy concretos e identificables (ansiedad, necesidad de conectarse durante largas horas, y movimiento involuntario de los dedos para teclear) y el artículo se adaptaba al estándar del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (el célebre DSM-IV). Eso le hizo recibir una amplia atención mediática y el concepto se difundió entre profesionales, usuarios y opinadores. Sólo existía un problema: todo era un hoax satírico del Doctor Goldberg, que se había basado en la descripción de la ludopatía para inventarse este nuevo síndrome.

El propio Goldberg aclaró el asunto dos años después en una entrevista televisiva:

No creo que la adicción a Internet exista, de la misma forma que no creo que exista la adicción al tenis, al bingo, o la adicción a la TV. La gente exagera y puede llegar al extremo con cualquier actividad o comportamiento, pero considerarlo un desorden es un error”.

Es por ello que, técnicamente, hablar de “adicción” a Internet o a los móviles es incorrecto, lo que no impide aseverar que existan personas con un problema de uso compulsivo de estas tecnologías.

Un estudio realizado por varias universidades españolas entre 1998 y 2005 (es decir, mucho antes del boom de los smartphones y las redes sociales) mostraba que el 39% de los encuestados (249 jóvenes entre 14 y 25 años) declaraba sentirse “enganchado a la Red”, y destacaba que el 29% de los usuarios se conectaba a Internet “durante más de cuatro horas al día durante todos los días de la semana”. A día de hoy, llevando Internet en el bolsillo las 24 horas del día, sería difícil usar este dato como indicativo de ninguna actitud anormal con respecto a la Red. Otros estudios posteriores se han centrado en mostrar cómo la interacción social interpersonal se ha ido viendo sustituida por los chats (antes) o por las redes sociales (ahora), o en el vínculo entre entre el uso compulsivo de Internet y la depresión (aunque la atribución de los papeles de ‘causa’ y de ‘efecto’ no quedan claros).

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La nomofobia

Otro estudio realizado por OnePoll en 2012 arrojaba un conclusión preocupante: el 66% de la población británica padece nomofobia. ¿Nomoqué? “NO MObile phone phobia”, es decir, miedo a sufrir la ausencia de teléfono móvil (recordad que las matizaciones sobre el uso de términos clínicos como “adicción” y “fobia” en lo que respecta a Internet son de aplicación también en este caso).

En cualquier caso, el estudio mostraba un crecimiento de 13 puntos en cuatro años del porcentaje de usuarios de móvil que hacía un uso desmedido de su teléfono móvil; en 2012, cada usuario consultaba, de media 34 veces al día su teléfono móvil. Otro estudio de la mismas fechas detectaba un 8% de ‘nomófobos’ entre los universitarios españoles, un colectivo que a priori sería más propenso a sufrir este problema que el conjunto de la población británica… lo cual constituye una muestra de lo difícil de definir y medir este supuesto trastorno. Con todo y con eso, este estudio también se atrevía a definir los síntomas de la nomofobia: ansiedad, malestar general, enfado o inquietud, sentimiento de culpa y disminución de la autoestima.

 

Imagen | De BuzzFarmers

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.

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