La ética de la fotografía de calle

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Derecho a la imagen versus libertad de expresión. Una fina línea separando la fotografía callejera y la fotografía documental. Muchos son los límites que nos encontramos cuando sobre la mesa se levantan las cartas de la street photography, un género fotográfico que fascina a quien lo practica por su potencial artístico y por su idiosincrasia rebelde.

Los fotógrafos de calle parecen agruparse en dos bandos: los que captan el instante y a los individuos que ajenos a las cámaras participan en él, marchándose luego con su tesoro de rostros desconocidos, y aquellos a los que la conciencia les pesa más que la cámara y prefieren interrumpir la magia del momento fotográfico para volver a sus estudios con la tranquilidad de quien ha cumplido su deber. No debe ser fácil ponerse de un lado o del otro, sobre todo si sabes que la street photography, a diferencia del discurso más complejo y denso de la fotografía documental, bebe del momento, de la anécdota, y esta no es posible si el sujeto a fotografiar ha sido previamente preguntado, avisado e inducido irremediablemente a la impostura. Desde otra perspectiva, la legal, algunos fotógrafos callejeros se muestran más despreocupados. No sabemos bien si por inconsciencia, falta de escrúpulos o convicción pasional, para el profesional que fotografía a discreción, sin pedir permiso a quienes se cruzan en su encuadre, la posibilidad de ir contra la Ley Orgánica 1/1982 de 5 de mayo de derecho al honor y a la propia imagen se les dibuja remota. Y no es porque sí: están amparados por el derecho a la información y la libertad de expresión, que tampoco son ninguna tontería. Si el artículo 18.1 de la Constitución Española especifica que toda persona tiene el derecho fundamental a preservar su imagen e intimidad, un poco más abajo, en el 20.1, se reconocen y protegen los derechos a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. Como decíamos, una cuestión complicada. Siempre nos queda la opción de bajar a la tierra y contar con el sentido común y la honestidad de los profesionales. Si la street photography ha dejado para la historia las instantáneas del París de Robert Doisneau, entre nosotros, podemos confiar en ellos. En cuanto a los no profesionales, aquellos que andan por el mundo con un dispositivo móvil y ganas de hacer daño, que la ley nos ayude… Ahora, si con la cámara de un smartphoneno era suficiente, el invento de Google y sus gafas todopoderosas pone la piel de gallina a más de uno. No volveremos a decir aquello de “sonría a la cámara ”.   Foto (cc): http://www.flickr.com/photos/faceme/  

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