Desintoxicación digital: un fin de semana sin pantalla táctil ni conexión a Internet

Desintoxicación digital: un fin de semana sin pantalla táctil ni conexión a Internet

Imagina un fin de semana en el corazón de la isla de Mallorca, rodeado/a de olivos, almendros y pinos, disfrutando de la gastronomía local y con los balidos de los rebaños de ovejas de la zona como única banda sonora. Imagina, ahora, que no puedes compartirlo con tus amigos ni subir fotos en las redes sociales, porque se trata de un fin de semana de desintoxicación digital, en el que está prohibido usar el smartphone y cualquier otro tipo de tecnología.

Melissa del Cerro y Miquel Lluís Mestre, ambos del sector profesional de la tecnología, han creado Desintoxicación Digital, una organización que defiende la costumbre de “apagar todos los dispositivos durante unos días para romper con la tecnología, recargar las pilas y hacer más productiva la vuelta al mundo digital”, y la promueve ese uso equilibrado y consciente a través de iniciativas como el retiro antes mencionado: un fin de semana (30 de mayo-1 de junio) con alojamiento, comida, talleres y actividades que “ayuden a desconectar”.

“Desde el viernes por la tarde hasta el domingo”, explica Mestre a TICbeat, los participantes en el retiro, cuyo carácter no es terapéutico, sino de ocio, podrán disfrutar de actividades como “senderismo, talleres  de cocina y sesiones de introducción al yoga”; cosas, explica, que “igual ya ni hacemos”, y que ayudarán a los asistentes a “mantenerse ocupados y desconectar de la rutina de las notificaciones”. Iniciativas similares se han llevado a cabo en Estados Unidos, pero no en Europa ni en España.

La vida a través de una pantalla

Estamos permanentemente conectados. La oficina ya no cierra la puerta cuando salimos de ella, sino que continúa, gracias a los smartphones, al alcance de nuestra mano en las horas restantes del día; los amigos que están a miles de kilómetros de distancia pueden saludarnos cuando tomamos una caña con la pandilla de siempre; y lo que tenemos ante nuestros ojos puede ser compartido con todos nuestros contactos con tan solo dos toques de nuestro índice.

Todo un mundo de posibilidades nuevas, que nos hace mucho más poderosos y, a veces, por qué no decirlo, también más esclavos. ¿Quién no ha regresado corriendo a casa porque se había dejado el móvil? Melissa del Cerro, por ejemplo, confiesa entre risas que a ella le ha pasado ¿Se han convertido los smartphones en un apéndice de nuestro cuerpo al que ya no podemos renunciar?

La llegada de los smartphones y de esos planes de datos tan asequibles que los convierten en “ordenadores de bolsillo” han sido, a juicio de Del Cerro, los detonantes de este fenómeno, que ha llevado a los teléfonos a convertirse casi en un órgano vital de nuestro cuerpo.

“Hemos trasladado nuestras relaciones sociales a las redes que usamos a través de esos dispositivos, algo que nosotros asociamos a nuestro carácter mediterráneo: hemos trasladado el bar a las redes sociales, pero damos prioridad a lo que sucede en la pantalla”, reflexiona Mestre, con quien coincide Del Cerro, que destaca la necesidad de permanecer conectado incluso cuando hacemos lo que nos gusta, como esos aficionados al running que comparten el recorrido de sus carreras, etiquetan a sus amigos y se paran a hacer fotos. “Lo vemos todo a través de una pantalla”, reflexiona.

Estrés, infoxicación y ansiedad

Mestre, que imparte cursos de alfabetización digital para adultos, explica que “la gente se encuentra algo estresada con las nuevas tecnologías, tanto quienes están empezando como los que ya están acostumbrados”. Su compañera cita los que, según el centro ReStart, de Washington, son los efectos negativos de la dependencia tecnológica: “estrés, insomnio, reducción de la capacidad creativa, saturación de información o infoxicación y ansiedad” son algunos de ellos.

Ambos han detectado, además, una “sintomatología” común en las personas que se interesan por la desintoxicación digital: algo que Mestre define como “una necesidad de libertad, de no estar pendientes de las noticias y las notificaciones”. “La gente”, explica, “añora esa sensación de libertad que da no estar pendiente de un objeto”.

Sin embargo, no es fácil. Los organizadores del retiro cuentan que resulta difícil incluso para los asistentes a su fin de semana, que preguntan, con cierta angustia, si van a estar totalmente incomunicados, en caso de que “pase algo” y sus familiares y allegados necesiten ponerse en contacto con ellos.

“La de la tragedia, la del por si acaso, es una excusa para no dejar el móvil al cien por cien”, señala Del Cerro, que asegura que, una vez superada esa ansiedad inicial, todo va sobre ruedas. “En realidad, es tan fácil como ser capaz de desconectar el móvil a determinadas horas, como cuando estás comiendo o cenando en familia”, indica Mestre. Pequeños pasos para aprender a distinguir el mundo online del offline.

Foto cc: Clifford Joseph Kozac

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Manuela Astasio

Soy una periodista especializada en nada, que ha pasado por Deportes, Agroalimentación, Cultura y por la delegación de Efe en México DF. Ahora me toca hablar de nuevas tecnologías y redes sociales, cosa que hago con mucho gusto y un poco de cinismo.

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